historia

Sobre la aparición de las primeras cofradías gastronómicas en el mundo, son muchas y diversas las opiniones encontradas al respecto. Sin embargo, parece tomar cuerpo, por reiterativas, aquellas que nos hablan de su nacimiento en Francia, en una época anterior a la primera cruzada.

Desde el siglo XIV, en el que se creó la Cofradía de Saint Etienne, que rinde culto al vino de Alsacia, se han ido fundando Cofradías Gastronómicas por todo el mundo, con el objetivo fundamental de promocionar las especialidades gastronómicas regionales, manteniendo una fidelidad a las tradiciones. El nacimiento de este tipo de Cofradías es un homenaje al placer de comer un producto específico de alta calidad, unido a la sociabilidad de sus miembros. Aunque, efectivamente, algunas Cofradías datan de tiempos ancestrales, es en los últimos treinta años, cuando estamos asistiendo a una verdadera eclosión de asociaciones de este tipo y muy diferenciadas entre sí.

Estas asociaciones suelen inspirarse en reglas de carácter gremial, tienen calendarios y ritos (capítulo, banquetes, degustaciones, actos folclóricos, etc.) muy específicos y sus adheridos deben someterse, algunas veces, a unas pruebas de aptitud antes de ser entronizados y de endosarse el ropaje de gala que indica su grado de iniciación o jerarquía. En ellas pueden participar cuantas personas amen el producto de que se trata, y los cofrades pertenecen a los más variados y modestos estamentos del país, pero unidos íntimamente por el cariño y amor a un determinado producto. Las sugerencias y apreciaciones de los cofrades deben estimular la emulación de los fabricantes del producto y su mantenimiento dentro de las más puras normas ortodoxas tradicionales.

Hoy, las Cofradías Gastronómicas están en pleno auge en todo el mundo, principalmente en Europa, y hay cientos de ellas funcionando con gran éxito. En cuanto a nuestro país ya existen alrededor de noventa Cofradías vínicas y gastronómicas que representan a los productos más emblemáticos de la agroalimentación. La Cofradía del Queso Manchego organiza manifestaciones artísticas, literarias, sociales, folklóricas, culturales, gastronómicas, que redunden en la promoción y fomento de los maravillosos quesos manchegos y muy concretamente, mediante la estructuración de actos en los que pueda enseñarse un mejor conocimiento sobre la correcta selección de esta vianda exquisita y su degustación adecuada.

Durante los más de diez años que llevamos viajando por toda España, hemos organizado multitud de actos gastronómicos. En este tiempo, quienes nos han acompañado en la promoción del Queso Manchego, han podido observar que la finalidad última que perseguimos es pasarlo bien. En este momento somos alrededor de ciento cincuenta cofrades, nuestro ropaje es una capa castellana con esclavina, un gorro de estudiantina con las plumas de los colores de Castilla-La Mancha, y una medalla de nuestra asociación.

La Cofradía del Queso Manchego, como todas las cosas importantes, nació fruto de una ilusión, una pasión y un reto por mantener unas costumbres atípicas, en La Mancha. Una idea importada por Carlos García del Cerro, desde su Cantabria natal, que en cierto modo nos pareció peregrina a los que nunca habíamos oído hablar de las Cofradías Gastronómicas y la importante misión de éstas, como representantes de unos productos singulares, identificativos de cada una de las regiones de pertenencia. La propuesta no tardó en cuajar entre los miembros de la Casa Regional de Castilla-La Mancha en Madrid y, de la mano del entonces Jefe de Servicio de Comercialización de la Consejería de Agricultura de Castilla-La Mancha, Ricardo Rodríguez, empezamos a darle forma y contenido. Se trataba, por otra parte, de algo muy sencillo, teniendo en cuenta el producto de que partíamos: la puesta en valor del queso Manchego, a partir de su presencia en la gastronomía.

Comenzábamos nuestra andadura con pronósticos nuevos, casi desconocidos. Metas cada vez más lejanas para lograr etapas más brillantes. En el horizonte de la cofradía se esperaban progresos encaminados a la promoción y el conocimiento del queso Manchego y poco a poco se reforzó nuestro compromiso. En pocos meses logramos reunir a un gran número de simpatizantes y amigos, que nos acompañarían, a través de las actividades y viajes de la Cofradía, por todos los rincones de España. De esta forma se cerraba el círculo gastronómico que nos habíamos propuesto, creando una curiosa simbiosis entre lo que nos gustaba y el placer de disfrutarlo.

Empezamos por mantener reuniones con grandes industrias queseras de la región para que nos sirvieran de apoyo económico en las infraestructuras que debíamos acometer, ya que la importancia económica del proyecto no se podía salvar con la subvención que llegaba de la Consejería de Agricultura. Una tarea harto difícil si tenemos en cuenta que el proyecto que presentábamos era completamente desconocido en estas latitudes, donde la noticia de la existencia de una Cofradía se circunscribía, única y exclusivamente al ámbito de las cofradías de Semana Santa. No por ello abandonamos en nuestra actitud y, es más, conseguimos resultados favorables y desinteresados en poco tiempo.

Los primeros en captar la idea que proponíamos y valorarla como una apuesta de futuro para la promoción del queso Manchego, fueron las dos grandes queserías de Castilla-La Mancha; FORLASA, que prestó ayuda económica para la confección de las primeras capas del vestuario, y Lácteas García-Baquero, que corrió, y lo sigue haciendo, con el coste de las medallas de la Cofradía que portamos todos los asociados. A ellos se sumaron rápidamente otros importantes queseros como Loreto García Arroyo, de COQUEM, o la Cooperativa de Ganaderos Manchegos, de Tomelloso. También empezaron a sumarse a nuestro proyecto importantes restauradores como Adolfo, de Toledo, Manuel de la Osa, de Las Pedroñeras, entre otros.

En pocos meses, cambiamos lo que era meramente una idea, en algo tangible, con su infraestructura completa y una sede social en la Casa de Castilla-La Mancha de Madrid, como no podía ser de otra manera. Allí nos prestó la ayuda necesaria Lolita Toboso, de la Peña de la Roda, para confeccionar las capas que portaríamos los cofrades y la creación del pendón que luce el emblema de nuestra Cofradía y allí celebramos las primeras asambleas de socios para impulsar el trabajo que luego haríamos sólo unos pocos.

De esta manera pasamos a aumentar significativamente el número de asociados y colaboradores y, a estampar nuestra huella por todos los rincones de la geografía española donde se celebraban actos gastronómicos, sin importarnos distancias ni horas perdidas, cansancios y fatigas en nuestro estómago, por el exceso. Dejando siempre la impronta del saber hacer y el conocimiento gastronómico de Carlos García del Cerro y yo con los ojos abiertos de par en par, sin dar crédito algunas veces, a todo aquel mundo desconocido y novedoso que nos estaba aconteciendo.

Me sorprendió el fulgurante éxito de la primera salida que hicimos Carlos y yo, con nuestra indumentaria recién estrenada, por tierras alicantinas, donde la noticia de la creación de una Cofradía del Queso Manchego era algo así, como la pieza clave para unir las dos castillas, donde eran varias las cofradías existentes, con la Comunidad Valenciana, que por esos días celebraban sus primeros capítulos vínicos y gastronómicos. Quedábamos nosotros en medio del mapa de España, como valuarte gastronómico para ensamblar culturas.

Descubrimos así, que la hermandad entre cofrades es la base de la amistad y el mejor modo de interrelacionarse con personas y entidades afines, como pilar esencial de confraternización. Más de cincuenta cofradías vínicas y gastronómicas nos esperaban para compartir aficiones y gustos culinarios. Todas ellas, representantes de productos tan importantes como nuestro queso y, que de alguna manera, guardaban las mismas peculiaridades y compromisos como los que nos movían a nosotros.

Con nuestras alforjas cargadas de ilusiones comenzamos por adentrarnos en esta nueva aventura visitando en primer lugar el Consejo Regulador de Denominación de Origen del Queso Manchego, en Valdepeñas. Organismo que realiza una importante labor de control y seguridad, para preservar las cualidades propias de la leche y la elaboración garantizada del queso Manchego y, que sirve de base y compendio de actividades de la Cofradía, porque si bien hablamos de la Cofradía del Queso Manchego como entidad autónoma, no es menos cierto, que es el C.R.D.O. quien ampara y permite en muchos casos la impronta de nuestras actividades afines y el uso y disfrute de nombres y logotipos exclusivos del organismo regulador. Nos pareció acertada la idea de conocer el Consejo y todo lo concerniente a las normas de calidad que allí se realizan. Era más que necesario saber y conocer las características que hacen del queso Manchego uno de los más apreciados del mundo, pues habíamos decidido erigirnos en embajadores de tan exquisita vianda.

Otro de los pilares básicos de nuestra actividad es el fomento del folklore y la cultura de Castilla-La Mancha, por ello, no dudamos en hacer participes de esta expresión artística al grupo Hidalguía de la Casa de Castilla-La Mancha en Madrid y, presentarnos en todos aquellos acontecimientos que lo requieren con el calor y apoyo de uno de los mejores grupos folklóricos que existen en España. Ya sólo nos quedaba ponernos en marcha, y hacer saber a todo el mundo que el queso Manchego tenía unos dignos representantes. Una Cofradía nueva que se incorporaba al entrañable y selecto grupo de los amantes de la gastronomía de las regiones de Europa, donde no se tienen en cuenta los aspectos cotidianos o de procedencia y se prima, por encima de todo, la amistad, los lazos culturales, la bonanza del producto que cada uno representa y su presentación en la mesa para ser degustado. Vinos, quesos, jamones y embutidos, productos de huerta, de la mar. Una oferta gastronómica, en suma, difícil de igualar por ningún club de gourmet, porque en este caso, el instrumento más importante de la apuesta gastronómica, son los cofrades, hermanos y amigos en la mesa y fuera de ella.

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